Su familia quiere que limpien la casa y le cocinen a los hombres de la casa, y también les preocupa que otros jóvenes estadounidenses se burlen de ellas por su religión y sus ropas tradicionales.
La srita. Bibi, de 17 años, dice que «algunos hombres no les gusta cuando ellas usan ropa estadounidense – ellos no creen que sea bueno para las mujeres», ella estudia actualmente el doceavo grado en el centro de agricultura, a unas 70 millas al este de la ciudad de San Francisco.
Alrededor de los Estados Unidos, los musulmanes encuentran que la educación en la escuela pública choca con su religión o sus tradiciones culturales por eso se van a casa a estudiar. Esta opción trata por una parte la manera de construir una identidad musulmana sólida lejos de los prejuicios que los hijos, niños y niñas, puedan encontrar en los patios de las escuelas; pero en algunos casos, como el de Bibi, también busca proteger su adolescencia de las influencias corruptas que tanto se ven en la vida estadounidense.
Cerca del 40% de las jóvenes pakistaníes y de otros lugares del sudeste de Asia que estudian el nivel superior y que estuvieron inscritos en el distrito, se quedan en casa. Se estima que el número de jóvenes estadounidenses que reciben educación en sus casas alcanza los dos millones de personas.
Sin importar la creencia, los padres que toman la opción son frecuentemente inspirados por la creencia de que las escuelas públicas son refugios para enfermedades sociales como las drogas y que ellos pueden hacer con sus hijos un trabajo mejor en casa.
Dice Aya Ismael que es una madre musulmana de cuatro hijos, «Yo no quiero ese comportamiento. Las jovencitas caminan por las calles vistiendo en forma inapropiada, jurando y maldiciendo y mostrando una falta de respeto hacia la gente mayor. En el Islam nosotros creemos en el respeto, en la dignidad y el honor.»
Otra mujer comenta que su hijo tuvo un tiempo muy duro en la escuela, pero que cada momento en el que sucedía algo fue una enseñanza para él. El aprendió a solucionar los problemas. Mucha gente fue discriminada en este país, pero la única cosa que trae el cambio es la educación.
Sin embargo, muchos padres prefieren que sus hijos aprendan con menos dificultades y los mantienen en casa.
El 80% de los musulmanes de la ciudad son pakistaníes, y muchos de ellos están mutuamente relacionados con aldeanos que tratan de recrear una atmósfera social conservativa. Hace una década mucha jovencitas fueron enviadas de regreso a sus aldeas una vez que ellas alcanzaron la adolescencia.
La directora de la escuela independiente sra. Roberta Wall dijo que las familias quieren que ellos mantengan su cultura y no se conviertan en personas occidentalizadas.
Las jovencitas siguen el programa regular de la secundaria, distribuyendo el tiempo de estudio entre el trabajo de la casa, la cocina, la oración y la lectura del Corán. Los tutores ocasionalmente les hacen bromas diciéndoles ¿Qué, los brazos de tus hermanos están rotos?, en general bromean de forma ligera, sintiendo que sus estudiantes obedecen a su familia y a su tradición porque no tienen alternativa.
La srita. Bibi le dijo a otra estudiante con quien una vez asistió a la escuela pública: «yo extraño a mis amigos. Salíamos a pasear y hacíamos cosas divertidas, nos ayudábamos unos a otros con las tareas.» Pero el tener la escuela aparte también tiene sus beneficios, ella opina que: «nosotros no queremos que otros nos señalen con el dedo y que digan de nosotras cosas malas.»
La sra. Asghar argumenta que está en contra de la enseñanza en casa, ya que dice que el remover a una chica de la escuela para preservar el honor de la familia es una barrera de asimilación. Ella argumenta que «la gente que piensa de esta manera está atorada en una cápsula de tiempo. Cuando los hijos saben más que los padres, pierden el control. Yo creo que ese es un temor de todos los padres.»
Fuente: New York Times
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