Cada vez más compradores se apuran a realizar sus compras mientras el reloj se acerca a la hora del iftar en la ciudad sureña de Johor Bahru.
Muchos musulmanes prefieren romper su ayuno del alba al ocaso en los bazares callejeros en sus vecindades.
Escogen entre una gran variedad de deliciosos platillos tales como tentempiés listos para comerse, comidas saladas, arroz con pollo, arroz con curry y sambal, fideos, pollo rostizado y hojaldres de curry.
Pero a juzgar por la cacofonía de los vendedores, el arroz y el pescado parecen ser los más populares.
«El arroz y el pescado son indispensables en nuestras mesas», comentó Azatullah, un vendedor que vende platos de arroz listos para comer.
«Los comemos en el iftar y en el suhur».
La gente de Malasia, un país rodeado por agua por todos lados, son grandes consumidores de arroz y pescado.
Grandes variedades de jugos frescos son también un negocio creciente en los bazares de Ramadán, ofreciendo a los sedientos consumidores una variedad de jugos de caña de azúcar, jugo de sandía, bebida de soya, cendol y agua de coco.
«A la gente le gustan los jugos frescos de coco y de caña de azúcar», anota Hairon, quien es otro vendedor.
Malasia, donde los bosques comprenden el sesenta por ciento de su territorio es conocida por producir una amplia variedad de frutas.
Los clientes pasean a través de muchos tenderetes donde se encuentran textiles, ropa hecha y artículos decorativos en todos tamaños, colores y estilos.
Aparte de comida y ropa se venden CD de música, particularmente una canción celebrando la aproximación del ‘Hari Raya’ o Eid el Fitr.
Juzgando por sus distintivas pañoletas, la mayoría de los compradores en el bazar de Johor Bahru son malayos.
Los musulmanes malayos comprenden más del sesenta por ciento de la población de Malasia, la cual asciende a unos 26 millones de personas.
Sin embargo algunos compradores de China, que se estiman en cerca del veintiséis por ciento de la población y que en su mayor parte no son musulmanes visitan el bazar.
Los bazares de Ramadán atraen también a visitantes de los países vecinos.
Solo le tomó a Sitti, un ama de casa de Singapur media hora para venir a Johor Bahru, que está conectado con Singapur por una carretera acuática.
«Venimos aquí por algo diferente ya que en Singapur también hay muchos bazares», comentó.
Los bazares de Ramadán crean una gran cantidad de oportunidades de trabajo para los malayos.
Hairoun estuvo trabajando en la industria naviera por 2000 ringgit mensuales.
«Ahora trabajo en el bazar, el cual me provee con 5000 ringgit durante el mes sagrado», dijo.
«Eso es muy bueno», agregó.
Pero debido a que se acerca el fin de Ramadán, Hairoun tendrá que regresar a su menos remunerado trabajo naviero y esperar hasta el siguiente Ramadán para llevar buenas noticias con él.
Fuente: Islamonline
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