No sé si todos los peregrinos de la ciudad del Profeta han sentido esta soledad. No sé si todos los peregrinos del mausoleo del Profeta han comprendido el secreto que guarda esta ciudad de Medina observando esta extensión polvorienta, este vestigio del paraíso de Medina, o si solamente los chiítas que responden a este enigma y a este aislamiento, a través de sus lágrimas.
No sé por qué Baghi guarda así el silencio mientras que resguarda en su seno, a la más querida de las criaturas.
Cuando tú contemplas la cúpula del mausoleo del Profeta y la extensión desértica del cementerio, como comprender que este padre debe soportar así el aislamiento de su hija. De todos modos, Baghi es una fisura que sufre el Islam desde hace siglos.
Conocemos los sufrimientos que guarda este cementerio y estamos acostumbrados a este puñado de tierra en lugar de las cúpulas elevadas en el cielo. Estamos acostumbras a no decir nada y también a pagar por las lágrimas que corren de nuestros corazones ensangrentados.
Fatimah, muchas veces me he reunido sobre las tumbas de tus hijos, en Baghi, con los ojos llenos de lágrimas y acusados de impiedad, y ya he sido expulsado por las personas que han perdido su paraíso, y expulsado del santuario de los aislados de Baghi.
Fatimah, todos te llamamos “la madre del Profeta”, Tú, la madre de tu padre! Vengo de una tierra en donde la vida y el más allá de las madres se resume en el amor a los Miembros de la familia profética, recíbeme con mi único recuerdo de viaje que son estas lágrimas que llenan mis ojos.
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