«Mis preocupaciones son múltiples, especialmente en lo concerniente a la situación en Rakhine», declaró la Sra. Pillay, en relación al estado birmano en donde los enfrentamiento entre musulmanes y budistas han dejado 180 muertos y 110, 000 desplazados entre los musulmanes.
El gobierno (birmano) dice que no se trata de un problema étnico; pero de acuerdo a lo que sabemos si se trata de esto. Los Rohingyas son apátridas desde hace mucho tiempo y es darle una solución política», agregó ella en una entrevista a la AFP, en el marco del Foro de Bali, sobre la democracia que finalizó el viernes en la isla indonesia.
Esto debería comprender una revisión de la ley sobre la ciudadanía; a fin de que los Rohingyas sean beneficiarios del mismo acceso a la ciudadanía. Ello implica también que una postura clara sea tomada, moralmente y políticamente contra las discriminaciones y contra las organizaciones basadas en la etnia y la religión, y que sean prohibidas toda forma de discriminación y de discursos que inciten al odio», agregó ella.
Aproximadamente 800, 000 Rohingyas, considerados por la ONU como una de las minorías más perseguidas del planeta, viven confinadas en el estado Rakhine. Privados de nacionalidad por la junta en el poder hasta marzo 2011, los Rohingyas son vistos por la mayoría de birmanos como inmigrantes ilegales de Bangladesh, un ostracismo que alimenta un racismo cuasi unánime en su contra.
Los Rohingyas no son parte de los 135 grupos étnicos oficiales, a quien la ley birmana sobre la ciudadanía de 1982 otorga una ciudadanía plena y en su totalidad.
Por otra parte, la Sra. Pillay demandó la liberación de un empleado local de la Agencia de Refugiados de la ONU, detenido en Birmania, desde hace 5 meses. «Detener a empleados de la ONU en el ejercicio de sus actividades profesionales va en contra del programa de reformas de Birmania», dijo irónicamente la Alta Comisionada.
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