
No me estoy dirigiendo a vuestros políticos y gobernantes; creo que ellos conscientemente han separado el camino de la verdad y lo correcto del camino de la política. Mi mensaje hacia vosotros es sobre el Islam y en especial sobre la imagen y rostro que os presentan del Islam.
Desde hace dos décadas, es decir, casi después del derrumbamiento de la Unión Soviética, se han esforzado mucho para que esta gran religión se vea como un enemigo monstruoso.
El sentimiento del miedo, del odio y el aprovecharse para movilizarlos, desgraciadamente tiene un antecedente extenso en la historia política de Occidente.
No quiero enumerar en este lugar a los diferentes miedos que han infundido en las naciones occidentales. La historia de Europa y América carga con la vergüenza de la esclavitud. Vuestros investigadores e historiadores se lamentan profundamente por el derramamiento de sangre en nombre de la religión entre católicos y protestantes y en nombre del nacionalismo y el racismo durante la I y II guerras mundiales.
Vosotros sabéis perfectamente que humillar y crear odio y miedo imaginario con respecto a otro siempre ha preparado el terreno para beneficiar a los opresores.
Ahora yo quiero que se pregunten a sí mismos, ¿por qué la política antigua de crear miedo y odio ha tomado como objetivo el Islam y a los musulmanes? ¿Por qué la estructura del poder en el mundo actual quiere que el pensamiento islámico sea colocado al margen y en una actitud pasiva?
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