Murray afirmó que la negativa del ayatolá Jameneí a desarrollar armas nucleares, a pesar de que Irán se enfrentaba a amenazas de adversarios dotados de armamento nuclear, reflejaba sus firmes convicciones morales y religiosas.
También sostuvo que la conducta de Irán durante los conflictos, incluida su decisión de evitar ataques contra objetivos civiles, estaba guiada por los principios éticos del Líder.
Murray describió a Irán como un centro mundial de resistencia frente al imperialismo estadounidense y al expansionismo israelí, atribuyendo ese papel al liderazgo del ayatolá Jameneí.
Añadió que el legado del Líder quedó de manifiesto en la unidad demostrada por el pueblo iraní durante la reciente agresión de Estados Unidos e Israel, así como en su capacidad para inspirar a las personas a anteponer los principios a los intereses materiales.
Asimismo, rechazó la idea de que la influencia del Líder disminuyera tras su asesinato, al considerar que las ideas y la fe no pueden ser eliminadas mediante la violencia.
Según Murray, el legado de valentía, resistencia y liderazgo moral del ayatolá Jameneí seguirá inspirando a las personas en Irán y más allá de sus fronteras.
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