«Conocí al ayatolá Al Amir hace 36 años, y realizamos varias veces juntos la peregrinación a la Meca. Él era realmente muy humilde, muy paciente y muy virtuoso. El realizaba cada la peregrinación mayor, pero al final de su vida, debido a su enfermedad, solo realizó la Umra.
Él fue muy famoso por su moderación, en su defensa de Ahl-ol-Bait (P), y trataba de no ofender a los musulmanes de las otras escuelas, y de no suscitar conflictos. Él tuvo siempre en cuenta los intereses generales de los musulmanes y no se dejaba influencias por los rumores. No realizaba ningún juicio de valor sobre las otras escuelas sin pruebas, y se entrevistaba frecuentemente con los religiosos y los intelectuales.
Recibía por lo general a los ulemas de los diferentes países que venían para la peregrinación, como el ayatolá Seyed Mohsen Hakim o el ayatolá Seyed Aboul Hassan Isfahani. Otros musulmanes chiitas también eran bien recibidos como lo demanda la hospitalidad islámica», dijo él.
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