Aunque el pueblo de Lot se contaba entre los pueblos más rebeldes de la historia, el Profeta Abraham (P), tras conocer la misión de los ángeles para el descenso del castigo, comienza a argumentar movido por la compasión y la esperanza en su guía. El Corán no solo no censura esta benevolencia universal, sino que, al describir a Abraham (P) como «indulgente» (halim) y «suplicante» (awwah), la presenta como una manifestación de misericordia, paciencia y preocupación por la guía en la conducta de los profetas.