Las manifestaciones que ya llevan un año en Bahréin, son reprimidas por el régimen de Ale Khalifa con la ayuda de Arabia Saudita. Desde hace un año, el mundo árabe se enfrenta a la represión y a la masacre, y a una organización de la oposición en los países del Próximo Oriente.
A pesar de ello, el New York Times escribe que las manifestaciones anti gubernamentales en Bahréin podrían ser controladas gracias a las armas estadounidenses. Informes oficiales han demostrado que 35 personas han sido asesinadas y los supuestos defensores de los derechos humanos, le han vendido al régimen de Ale Khalifa, gas lacrimógeno y balas de caucho fabricadas en Brasil, algo que la presidenta brasileña Dilma Russef, además confirma.
Dilma Russef ha realizado acciones evidentes en oposición a los movimientos del despertar islámico, a pesar de sus declaraciones aparentemente pacifistas.
Las presiones en Bahréin no han tenido éxito en hacer que entre las personas y el sheij Ali Salman, líder del Partido Islámico Al Wifaq, intenten una y otra vez develar los crímenes del régimen de Ale Khalifa.
Durante un encuentro con los encargados de los Asuntos de África y el Próximo Oriente en Inglaterra, él ha denunciado estos crímenes; ¿pero qué se puede esperar de los maestros occidentales del dictador bahreiní que se rehúsan a publicar dichas verdades?
El mes pasado, el dictador bahreiní, ha propuesto reformas de fondo pero ningún cambio ha sido implementado.
No hay que olvidar que en Bahréin los chiitas son mayoría; pero son ellos los que sufren las mayores presiones. Los chiitas no aceptarán nunca abandonar su lucha y someterse a la opresión.
La población de Bahréin no olvidará a los países y a los pueblos que les han apoyado y a aquéllos que han permanecido indiferentes serán castigados por el próximo gobierno en surja en este país.
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