La mujer es la otra mitad del hombre. Ella constituye la mitad de la población mundial. Ella tiene roles que jugar y deberes que cumplir en este mundo, en donde se desempeña en calidad de madre, esposa e hija, lo que conduce a demostrar su eminencia y su importancia a la vez en la dimensión doméstica y social. Sabemos que estos derechos y deberes han sido repartidos equitativamente en función de la forma de ser natural de ambos sexos, y es la razón por la cual varios de estos derechos no son los mismos. El primero en declarar a la mujer estos derechos y estos deberes ha sido el sistema sociopolítico más maduro y más elaborado de todos: el Islam.
El Islam le ha otorgado a la mujer el derecho de respirar libremente, de hablar libremente, de conservar sus bienes, el derecho a prosperar y el derecho a sobresalir. También le ha recomendado enarbolar la modestia, la decencia y la virtud. Ha señalado como ejemplos de mujeres piadosas a María (La Paz de Dios sea con ella) y la esposa de Faraón (Que Dios la tenga en su misericordia), que ayudaban a incentivar la castidad y la bondad, e inspiraron la nobleza de aquellos que les seguían, produciendo mujeres excepcionales, mujeres como Jadiya (Que Dios este complacido con ella).
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