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¿Por qué ayunan los musulmanes?

18:07 - February 23, 2026
Noticias ID: 3511303
IQNA — Sin un elemento de sacrificio y ascetismo ninguna religión, y por tanto ninguna cultura humana, es posible. Es necesario retirarse periódicamente de la vida llena de los sentidos, incluso para poder disfrutar plenamente de los frutos de las percepciones sensoriales. Solo un cierto grado de abstinencia de los objetos materiales de los sentidos hace que también la vida sensorial sea equilibrada, además de permitir al alma humana una apertura hacia la vida espiritual.

Algunas verdades son evidentes por naturaleza y, en circunstancias normales, no necesitan ser discutidas. Pero en un momento y en una época en que las verdades más evidentes son cuestionadas u ocultadas por las nubes de la duda, uno se ve obligado a hablar incluso de las más obvias. Una de estas verdades es la necesidad de un elemento de ascetismo en la vida humana.

Sin un elemento de sacrificio y ascetismo ninguna religión, y por tanto ninguna cultura humana, es posible. Es necesario retirarse periódicamente de la vida llena de los sentidos, incluso para poder disfrutar plenamente de los frutos de las percepciones sensoriales. Solo un cierto grado de abstención de los objetos materiales de los sentidos hace que también la vida sensorial sea equilibrada, además de permitir al alma humana una apertura hacia la vida espiritual.

Una de estas prácticas de restricción es el ayuno, que el islam promulga como obligatorio durante el mes de Ramadán y recomienda en otros períodos del año.

Como manifiesta el Sagrado Corán, es una práctica que existe en las religiones más antiguas, y el islam no ha hecho más que reavivarla e institucionalizarla en la forma del ayuno del mes de Ramadán.

Ayunar durante este mes tiene muchas ventajas y características sociales y externas que han sido a menudo discutidas, y cuya importancia ha sido de hecho exagerada en ciertos contextos, según los cuales la principal virtud del ayuno se reduce a la caridad hacia los pobres.

Este elemento de caridad ciertamente existe, pero, como toda verdadera caridad, adquiere un sentido espiritual solo cuando se orienta hacia Dios.

Y en el ayuno es la obediencia a la Voluntad Divina la que tiene como fruto la caridad hacia los pobres y necesitados y una participación real en su hambre y su sed.

Pero el aspecto más difícil del ayuno es el filo de espada de la abstinencia dirigido contra el alma carnal, la nafs al-ammarah del Sagrado Corán.

Al ayunar, las tendencias rebeldes del alma carnal son apaciguadas y pacificadas gradualmente mediante una sumisión sistemática de estas tendencias a la Voluntad Divina, pues en cada momento de hambre el alma del musulmán recuerda que, si se desobedecen las pasiones del alma carnal, es para obedecer una Orden Divina.

Por eso el ayuno no incluye solo la abstinencia de comer, sino también toda forma de lujuria y pasión carnal.

Como resultado de esta restricción sistemática, el alma humana comprende que es independiente de su entorno natural inmediato y adquiere conciencia de estar en este mundo, pero de no pertenecerle.

Una persona que ayuna adquiere muy rápidamente conciencia de ser peregrina en este mundo y de haber sido creada como un ser destinado a una meta que está más allá de esta existencia material.

El mundo que la rodea pierde en cierto modo su materialidad y adquiere un aspecto de vacío y transparencia que, en el caso del musulmán contemplativo, conduce directamente a la contemplación de Dios en Su creación.

La naturaleza efímera y vacía de las cosas es compensada, por otra parte, por la manifestación de esas mismas cosas como dones divinos. Durante el período del ayuno, la comida y la bebida, que se dan por sentadas durante todo el año, se revelan como dones del cielo (ni‘mah) y adquieren un significado espiritual de carácter sagrado.

Ayunar es además revestirse con la armadura de la pureza contra las pasiones del mundo. Es asimilar también “físicamente” el propio cuerpo a la pureza de la muerte, que naturalmente va unida al nacimiento espiritual.

Durante el ayuno, el ser humano recuerda que ha elegido acercarse a Dios y alejarse del mundo de las pasiones. Por eso el Santo Profeta (S) amaba tanto el ayuno. Era un elemento fundamental de esta “pobreza espiritual muhammadiana” (faqr), de la cual dijo: “al-faqr fakhri” (La pobreza espiritual es mi gloria).

Esta muerte de las pasiones purifica el alma y la vacía del agua pútrida de sus residuos psíquicos negativos. El individuo, y a través de él la Comunidad Islámica, es renovado por este rito, que le recuerda sus deberes y objetivos éticos y espirituales. Por eso la llegada del mes sagrado es recibida con alegría. En él, las puertas del cielo se abren más ampliamente para los fieles y la Compasión Divina desciende sobre quienes la buscan.

Haber completado el ayuno del mes de Ramadán es haber experimentado un rejuvenecimiento y una renovación que prepara al musulmán para afrontar otro año con la determinación de vivir y actuar conforme a la Voluntad Divina.

El ayuno además confiere al alma humana un perfume cuya fragancia puede percibirse incluso mucho después de que haya terminado el período de abstinencia.

Ofrece al alma una fuente de energía de la cual se alimenta durante todo el año. Debido a ello, el mes sagrado ha sido llamado “el bendito” (mubarak), aquel en el que la gracia o barakah de Dios fluye sobre la Comunidad Islámica y rejuvenece sus fuentes más profundas de vida y acción.

 

Por Seyyed Hossein Nasr

 

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