
De acuerdo a IRNA, algunos refugiados vivían desde el año 2012 cuando comenzó la represión a los musulmanes, en los campamentos ilegales al sur de Tailandia y eran vendidos a redes de tráfico humano.
Las organizaciones de defensa de los derechos humanos y el representante de derechos humanos de la ONU, Thomas Ouji Kouin Tana, condenaron estas expulsiones y estas acciones, y denunció la mala situación de los refugiados musulmanes en Tailandia.
Asimismo, la marina tailandesa fue acusada de tráfico humano, lo que ha sido desmentido por el ejército.
Alrededor de 100,000 trabajadores birmanos musulmanes son explotados en Tailandia.