“La religión es una manera de vida”, dijo a los Angeles Times que Ghazaly Salim, un instalador telefónico que ocupa su tiempo en la mezquita local.
La comunidad es famosa por compartir los momentos de alegría y comodidad y también en los momentos de dificultad comparten sus cargas.
“Esto es lo que nos enseñaron nuestros abuelos”, expresó Ghazaly, que ayudó a establecer la comunidad hace 30 años.
La gente de Cham son remanentes étnicos del reino de Champa, el cual existió a lo largo de la línea costera de lo que era Vietnam hasta el segundo siglo.
Entre la ascensión del imperio Khmer y el territorio de Vietnam que presiona en el sur, el reino Champa empezó a disminuir.
La primera religión de Champa fue un tipo de hinduismo, traído desde la India, pero los mercaderes árabes se pararon a lo largo de la costa de Vietnam en ruta a China, la mayoría de la gente de Cham se convirtió al Islam.
Ahora, Cham son personas sin tierra. Sus comunidades, que llegan a ser pocos cientos de miles, viven como refugiados dispersos alrededor de Asia y del mundo.
Sin embargo, la etnia Cham todavía es el corazón de las comunidades musulmanas en Cambodia y Vietnam. Ellos hablan el idioma Cham, que es similar al idioma étnico de Malasia.
Regresando a las raíces
La primera orden de negocios de las familias Cham que se ubicaron en Santa Ana fue hace tres décadas atrás donde construyeron una mezquita.
Por tres años, ellos se reunieron sus mínimos salarios y solicitaron ayuda a los musulmanes árabes locales hasta que finalmente recaudaron lo suficiente para comprar un simple apartamento y convertirlo en mezquita.
A través de los años, la mezquita se ha convertido en el centro de la comunidad con la mayoría de sus miembros cambiándose en las unidades de alrededor.
Pocos miembros de la comunidad, como Nasia Ahmanth, fueron arrastrados por la corriente dejando sus raíces. El era solo un bebe cuando su padre El Ahmanth, dirigió un pueblo de refugiados de Cham ubicados en Santa Ana.
A la edad de 17 años, el ya era un adicto a las drogas.
Hace dos años, Nasia se fue del vecindario y puso distancia entre sus amigos drogadictos y el.
El año pasado, cuando su padre falleció, el regresó a casa queriendo reconstruir sus lazos con su tierra. “Yo quiero que mi hijo sepa lo que es Cham”, dijo Nasia que ahora tiene 30 años.
El supo que un paso básico para encontrar su lugar en la comunidad fue el reencontrarse con la religión que el dejó hace tiempo.
“Este es el día en que los padre están orgullosos de sus hijos”, el dijo.
Fuente: IOL
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