Cuando sabemos que la clientela del Medio Oriente constituye el 80% del volumen de venta de hoteles en Ginebra, comprendemos que ver a los musulmanes abandonar las ciudades suizas podría provocar turbulencias entre los profesionales del sector que entre los políticos.
Al punto de considerar trasladar las tradicionales fiestas de Ginebra para reducir las pérdidas.
Necesidad para los unos, sacrilegio para los otros.
Fuente: ALkanz
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