De acuerdo al canal informativo PressTV, en el verano 2012, centenares de personas armadas han atacado a los chiitas e incendiado más de 30 viviendas, expulsando aproximadamente a 200 chiitas y asesinando a dos de ellos.
Los refugiados han sido ubicados en canchas de tenis en Java Oriental; pero poco tiempo después el gobierno indonesio ha dejado de enviar agua y alimento, demandándoles cambiar de religión o abandonar la región.
A pesar de todas las dificultades los chiitas indonesios permanecen apegados a su fe.
Los chiitas constituyen el 10% de la población indonesia y la más importante minoría religiosa del país.
En noviembre, la Alta Comisionada para los Derechos Humanos de la ONU, Navi Pillay, condenó los actos de violencia y la discriminación ejercida contra la minoría chiita en Indonesia.
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