
En un artículo compartido con IQNA, Seyyed Mohsen Mousavi-Baladeh, un destacado erudito y autor de ciencias coránicas, criticó la práctica emergente de “añadir sonidos de fondo a la recitación del Sagrado Corán”.
Baladeh advirtió a los jóvenes recitadores de que esta tendencia representa una “nueva forma de bid‘ah y una amenaza muy grave”.
Explicando el fenómeno, escribió: “El recitador lee el Corán mientras, simultáneamente, se reproduce un sonido o una melodía de fondo. No importa si este sonido proviene de otra voz, de un instrumento o incluso de efectos generados por ordenador”.
Según el erudito, esto equivale a una especie de armonización musical más que a una auténtica recitación solista.
Baladeh subrayó que tales añadidos podrían cambiar y dañar gradualmente el gusto auditivo del público, comparando este cambio con la manera en que los aperitivos muy procesados han sustituido alimentos simples y saludables en la dieta de los niños.
Al igual que los alimentos malsanos modifican los hábitos, advirtió, las recitaciones embellecidas artificialmente podrían debilitar con el tiempo la apreciación de los estilos coránicos clásicos arraigados en el tajwid y en las melodías tradicionales.
Baladeh señaló que los musulmanes escuchan la recitación del Corán pura y sin acompañamiento musical desde hace 1.400 años, comenzando por el Profeta Mohammad (la paz y las bendiciones sean con él) y continuando con los Imames.
A lo largo de la historia moderna, agregó, la introducción de la tecnología de grabación ha contribuido a preservar las obras maestras de grandes recitadores como Abdel Basit Abdul Samad, admirados en todo el mundo por musulmanes y no musulmanes.
Sin embargo, advirtió que si la recitación se mezcla con la música, el público podría terminar perdiendo interés por las interpretaciones solistas tradicionales: “¿Queremos que llegue el día en que un recitador lea el Corán solo y nadie lo escuche a menos que vaya acompañado de música?”
El erudito subrayó que salvaguardar la integridad de la recitación coránica es una responsabilidad tanto religiosa como cultural.