El Profeta (PB) y el elogio del esfuerzo contra el ego
En un relato aleccionador, el Profeta (PB) vio a un joven que, para combatir el deseo carnal y educar su alma, se revolcaba sobre las ardientes arenas del desierto y amenazaba a su propia alma con el fuego del infierno. El Enviado de Dios (PB), elogiando este espíritu de autoperfeccionamiento, convocó a sus compañeros para que dijeran «amén» a la súplica de aquel joven, y de este modo enseñó a su comunidad el valor de «prohibir al alma seguir sus pasiones» y la victoria sobre los deseos carnales.